jueves, 8 de mayo de 2014

Cada noche despierto agitada...

con pequeñas lágrimas en las mejillas;
te extraño...
Y aunque tu recuerdo me inunde cada noche
no regresaré a tu lado.

El dolor crece cuando te miro,
el dolor nunca desaparece.

No puedo suplicarle a mi mente olvidarte,
mucho menos odiarte,
pero sí puedo perdonarte,
y así, poder dejarte atrás...

domingo, 4 de mayo de 2014

- ¿Y qué te dice tu corazón?
- No sé, pregúntaselo tú que lo sujetas en tu mano derecha con fuerza destrozándolo poco a poco hasta reducirlo a cenizas dejando que se las lleve el viento. 

viernes, 11 de abril de 2014

No todo cambia; los recuerdos no lo hacen.

Han pasado muchos años, 14 exactamente, y aunque la clase, las profes y los niños no sean los mismos, éste, es un lugar que encierra muchos de los recuerdos más dulces y felices de mi vida, una de esas etapas que aunque parezca imposible, son inolvidables... una etapa en la que pelearte con tu mejor amiga cuando te cogía los lápices de colores sin permiso, significaba el fin del mundo y que besar en la mejilla al chico que te gustaba se consideraba amor, cuando soñabas cumplir 16 años y tener una vida como la que te mostraban las películas, que veías abrazada a tu madre en el sofá cada noche después de un día duro pintando en el colegio y haber corrido durante horas en el parque con el único descanso de sentarte en la arena y jugar con ella con el cubo y la pala.
Dulce inocencia...
Dulce infancia...

domingo, 9 de marzo de 2014

Bloqueo seguido de fracaso.

Tus nervios impiden que te concentres, la figura de una persona se acerca y te entrega una hoja en blanco seguida de otra con varios ejercicios. Coges ambas hojas temblando y lees "examen global" y tu ritmo cardíaco aumenta. Lo sueltas e intentas tranquilizarte pero no lo llegas a conseguir del todo, no es fácil controlarlo.
Respiras.
Coges y sueltas aire.
Parece que la cosa ha mejorado considerablemente. Y te dices a ti misma "venga, va, no pierdas más el tiempo, puedes hacerlo, te lo has preparado y vas a aprobar, lo vas a conseguir". Vuelves a respirar y te dispones a coger el boli, le quitas la tapa y pones el nombre en cada hoja mientras te das cuenta de que ya tus manos no tiemblan. Se te ve segura de ti misma y te ves preparada para hacer el examen. Comienzas los ejercicios y según los acabas y pasas al siguente más te relajas. Y ahí es cuando cometes el primer error. Empiezas a leer el siguiente ejercicio y te das cuenta de que no sabes contestar a esa pregunta.
Te bloqueas.
Has bajado la guardia.
Sueltas el boli y haces una tercera respiración profunda a modo de calma, pero la angustia sigue dentro de ti, esa inseguridad aflora desde dentro. Miras el reloj y el tiempo pasa, miras todos los ejercicios que aún te quedan y el poco tiempo del que dispones.
Te agobias.
El sudor empapa tu frente y tu cuello, tus ganas de llorar renacen de la propia impotencia que te provoca esta situación.
Te mareas.
Coges y sueltas aire.
Sigue con el examen sin aún saber por qué. Empiezas a dudar de que todo lo que has hecho lo tienes bien, de que aún que sigas lo harás mal; que no merece la pena continuar. Prefieres abandonar a ahogar tus lágrimas. Lo único que te apetece es coger el boli y tacharlo todo. Mandar todo el esfuerzo a la mierda porque ha sido verdaderamente inútil, pero intentas convencerte de que no es así, de que puedes conseguir algo más de lo poco que hayas podido conseguir hasta ahora. Buscas algún ejercicio que sepas que puedes hacer bien y lo encuentras. Coges el boli y a toda prisa empiezas con esos ejercicios... Pero suena el trimbe.
Recreo.
La profesora avisa de que os deja quince minutos más. Suspiras aliviada. Acabas esos ejercicios aún con dudas dentro de ti. Entregas el examen y sales fuera a que te de el aire. Buscas la tranquilidad y la calma pero algo en tu cabeza impide que lo encuentres. Te das cuenta de que todo lo que has hecho está mal. De que has cometido errores verdaderamente absurdos de cosas tan simples como 2 + 2. De que no ha merecido la pena seguir. De que aún sigues con un bloqueo del que eres incapaz de deshacerte desde hace tiempo bajo presión.

miércoles, 22 de enero de 2014

All monster are human.

"Soy de la generación del milenio, nacida entre los inicios del SIDA y el 11S más o menos; también llamada generación global. Se nos conoce por ser unos narcisistas privilegiados, porque somos la primera generación en la que todo niño recibe un premio solo por participar. Y las redes sociales nos permiten publicar si nos tiramos un pedo o nos comemos un sandwich y mostrárselo al mundo. Pero el rasgo que nos define, es la despreocupación por lo que nos rodea, la indiferencia ante el sufrimiento. Yo hice todo lo posible para no sentir dolor; sexo, drogas, alcohol, me deshice del dolor, de mi madre y del gilipollas de mi padre, de la prensa y de cualquier tío que no me correspondiera. Joder, me violaron en grupo y a los dos días ya iba a clase como si nada, algo tan fuerte te deja hecha polvo ¿no? La mayoría de gente no supera algo así, y yo solo pensaba en ir a por un batido. Daría todo lo que tengo y tendré por volver a sentir dolor, por sufrir. Suerte que Fiona está en horas bajas y tengo sus hierbas, una ventaja de estar como muerta es que pasas de advertencias; un líquido marrón casi me puso los pezones de punta pero creo que era un rollo psicosomático porque me ventilé todo el frasco y no sentí una mierda. Probé todos los ojos de tritón y las alas de mosca por si encontraba algo con lo que dejara de parecerme a Marilyn Manson. Y ahí está la trampa de todo esto, no siento una mierda. No puedo sentir nada. Creemos que el dolor es el peor sentimiento, pero no, ¿qué puede ser peor que este silencio eterno dentro de mí? Estaba acostumbrada a no comer durante días, o a comer como una loca y luego provocarme el vómito; ahora por muchos atracones que me de, no puedo llenar este vacío interior. No lo soporto más. Creo que me estoy volviendo loca. Tengo que hacer algo."

- Madison Montgomery
 (AHS 3x07)

jueves, 12 de diciembre de 2013

A solo un paso.

Llegas a un momento en tu vida que te apetece arriesgarlo todo, apostar hasta el último momento vivido junto a una persona, por algo que en un principio merece la pena. Crees que todo saldrá bien, y que por muy mal que vayan las cosas nada va a cambiar, ya sabes lo que dicen 'el que no arriesga no gana' ¿no? Pues bueno, no siempre es así. Hay veces, que dejas tantas cosas en manos de el destino, que él también se equivoca, o tal vez no. Solo sabes que ya no hay vuelta atrás después de esto y que justo en el momento en el que renuncias a todo por esa persona, también lo haces con todo lo que hubo detrás con ella. Los días irán pasando, la rutina se adueñará de vosotros, y lo único que os quedará será dar el siguiente paso. Un paso que os llevará de un amor que creíais de verdad y eterno, a un odio que ni siquiera tú podrás llegar a entender algún día... Pero recuerda que, a pesar de lo que después ocurra, hubo algo real en todo eso, así pues, ten en cuenta que «sufrir por amor, es morir en vida.» ¿Y ahora? ¿Sigue mereciendo la pena?

No tiene por qué ser una opción.


jueves, 5 de diciembre de 2013

Demasiado tarde para mirar atrás.

Después de casi dos años sin mirarnos a la cara, sin dirigiros la más mínima palabra, sin... aunque duela decirlo, después de todo lo vivido, sin conocernos. Esta mañana fue cuando te vi por primera vez desde entonces, y todos los sueños y planes que teníamos juntos renacieron en mi memoria como si hubiese ocurrido ayer. Cada mínimo detalle, cada caricia, cada beso, cada abrazo, cada 'te quiero' en un susurro volvieron a mí como si estuviese a mi lado. Pero yo sabía que no era así. Todo eso cambió hace demasiado tiempo, y ya por supuesto, si que era demasiado tarde para intentar recuperarlo, era tarde incluso para decir un maldito 'hola' e interesarme por tu vida. Así pues, me preguntaba si estarías con alguien, si serías feliz, pero imaginé que sí, siempre estabas alegre y sacabas fuerzas de donde solo había escombros de una derrota tras otra... Es gracioso que ahora lo único que tengamos en común, lo único que nos una sean recuerdos que no se volverán a repetir, como todas esas discusiones que daban vida a una relación que estaba muerta, y que llegaron hasta tal punto, que incluso acabaron con ella. Pero, aún después de todo, no me arrepiento de nada. Al fin y al cabo, ya es demasiado tarde como para mirar atrás. 

jueves, 31 de octubre de 2013

-

No esperes que la vida te lo de todo hecho, porque esta misma, es un puzzle que solo tú sabes como completar. 

Depression.


Todos creen que eres feliz, que sonríes por un motivo que te llena y te hace sentir bien, que es una sonrisa real y no un engaño, pero lo que no saben es que estás destrozada por dentro. No saben que lo único que te apetece es llegar a casa y desahogarte. Romper a llorar de una vez por todas. No quieres preocupar a nadie, no quieres contestar ningún '¿qué te pasa?', ni que se te note que estás mal, que alguien te de un abrazo y dejar que se escapen las lágrimas de los ojos, así que intentas hablar con normalidad aunque tengas un nudo en la garganta que te impide hacerlo; ocultas tus ojos llorosos mediante un bostezo y es entonces cuando notas que tus lágrimas se ahogan. Miras el reloj y los minutos no pasan; parece que el tiempo se ha detenido. Deseas que todo pase pronto y poder dejar de fingir una felicidad que es inexistente en ti. Parece mentira, pero por fin ha llegado el momento, ahora estás a un palmo de la puerta de tu casa, te tiembla la mano y apenas puedes encajar la llave en la cerradura, cuando lo consigues no tardas ni cinco segundos en entrar. Estabas sola en casa, pero aún así no fue hasta que entraste en tu habitación, dejaste la mochila en el suelo y cerraste la puerta de un portazo, cuando te viniste abajo; apoyada contra la pared te dejaste caer al suelo, te acurrucas pegando las piernas contra tu pecho y te tapas la cara con las manos. Éstas, ahora están empapadas de lágrimas que ya nadie puede secar.