Tus nervios impiden que te concentres, la figura de una persona se acerca y te entrega una hoja en blanco seguida de otra con varios ejercicios. Coges ambas hojas temblando y lees "examen global" y tu ritmo cardíaco aumenta. Lo sueltas e intentas tranquilizarte pero no lo llegas a conseguir del todo, no es fácil controlarlo.
Respiras.
Coges y sueltas aire.
Parece que la cosa ha mejorado considerablemente. Y te dices a ti misma "venga, va, no pierdas más el tiempo, puedes hacerlo, te lo has preparado y vas a aprobar, lo vas a conseguir". Vuelves a respirar y te dispones a coger el boli, le quitas la tapa y pones el nombre en cada hoja mientras te das cuenta de que ya tus manos no tiemblan. Se te ve segura de ti misma y te ves preparada para hacer el examen. Comienzas los ejercicios y según los acabas y pasas al siguente más te relajas. Y ahí es cuando cometes el primer error. Empiezas a leer el siguiente ejercicio y te das cuenta de que no sabes contestar a esa pregunta.
Te bloqueas.
Has bajado la guardia.
Sueltas el boli y haces una tercera respiración profunda a modo de calma, pero la angustia sigue dentro de ti, esa inseguridad aflora desde dentro. Miras el reloj y el tiempo pasa, miras todos los ejercicios que aún te quedan y el poco tiempo del que dispones.
Te agobias.
El sudor empapa tu frente y tu cuello, tus ganas de llorar renacen de la propia impotencia que te provoca esta situación.
Te mareas.
Coges y sueltas aire.
Sigue con el examen sin aún saber por qué. Empiezas a dudar de que todo lo que has hecho lo tienes bien, de que aún que sigas lo harás mal; que no merece la pena continuar. Prefieres abandonar a ahogar tus lágrimas. Lo único que te apetece es coger el boli y tacharlo todo. Mandar todo el esfuerzo a la mierda porque ha sido verdaderamente inútil, pero intentas convencerte de que no es así, de que puedes conseguir algo más de lo poco que hayas podido conseguir hasta ahora. Buscas algún ejercicio que sepas que puedes hacer bien y lo encuentras. Coges el boli y a toda prisa empiezas con esos ejercicios... Pero suena el trimbe.
Recreo.
La profesora avisa de que os deja quince minutos más. Suspiras aliviada. Acabas esos ejercicios aún con dudas dentro de ti. Entregas el examen y sales fuera a que te de el aire. Buscas la tranquilidad y la calma pero algo en tu cabeza impide que lo encuentres. Te das cuenta de que todo lo que has hecho está mal. De que has cometido errores verdaderamente absurdos de cosas tan simples como 2 + 2. De que no ha merecido la pena seguir. De que aún sigues con un bloqueo del que eres incapaz de deshacerte desde hace tiempo bajo presión.
Respiras.
Coges y sueltas aire.
Parece que la cosa ha mejorado considerablemente. Y te dices a ti misma "venga, va, no pierdas más el tiempo, puedes hacerlo, te lo has preparado y vas a aprobar, lo vas a conseguir". Vuelves a respirar y te dispones a coger el boli, le quitas la tapa y pones el nombre en cada hoja mientras te das cuenta de que ya tus manos no tiemblan. Se te ve segura de ti misma y te ves preparada para hacer el examen. Comienzas los ejercicios y según los acabas y pasas al siguente más te relajas. Y ahí es cuando cometes el primer error. Empiezas a leer el siguiente ejercicio y te das cuenta de que no sabes contestar a esa pregunta.
Te bloqueas.
Has bajado la guardia.
Sueltas el boli y haces una tercera respiración profunda a modo de calma, pero la angustia sigue dentro de ti, esa inseguridad aflora desde dentro. Miras el reloj y el tiempo pasa, miras todos los ejercicios que aún te quedan y el poco tiempo del que dispones.
Te agobias.
El sudor empapa tu frente y tu cuello, tus ganas de llorar renacen de la propia impotencia que te provoca esta situación.
Te mareas.
Coges y sueltas aire.
Sigue con el examen sin aún saber por qué. Empiezas a dudar de que todo lo que has hecho lo tienes bien, de que aún que sigas lo harás mal; que no merece la pena continuar. Prefieres abandonar a ahogar tus lágrimas. Lo único que te apetece es coger el boli y tacharlo todo. Mandar todo el esfuerzo a la mierda porque ha sido verdaderamente inútil, pero intentas convencerte de que no es así, de que puedes conseguir algo más de lo poco que hayas podido conseguir hasta ahora. Buscas algún ejercicio que sepas que puedes hacer bien y lo encuentras. Coges el boli y a toda prisa empiezas con esos ejercicios... Pero suena el trimbe.
Recreo.
La profesora avisa de que os deja quince minutos más. Suspiras aliviada. Acabas esos ejercicios aún con dudas dentro de ti. Entregas el examen y sales fuera a que te de el aire. Buscas la tranquilidad y la calma pero algo en tu cabeza impide que lo encuentres. Te das cuenta de que todo lo que has hecho está mal. De que has cometido errores verdaderamente absurdos de cosas tan simples como 2 + 2. De que no ha merecido la pena seguir. De que aún sigues con un bloqueo del que eres incapaz de deshacerte desde hace tiempo bajo presión.
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