viernes, 11 de abril de 2014

No todo cambia; los recuerdos no lo hacen.

Han pasado muchos años, 14 exactamente, y aunque la clase, las profes y los niños no sean los mismos, éste, es un lugar que encierra muchos de los recuerdos más dulces y felices de mi vida, una de esas etapas que aunque parezca imposible, son inolvidables... una etapa en la que pelearte con tu mejor amiga cuando te cogía los lápices de colores sin permiso, significaba el fin del mundo y que besar en la mejilla al chico que te gustaba se consideraba amor, cuando soñabas cumplir 16 años y tener una vida como la que te mostraban las películas, que veías abrazada a tu madre en el sofá cada noche después de un día duro pintando en el colegio y haber corrido durante horas en el parque con el único descanso de sentarte en la arena y jugar con ella con el cubo y la pala.
Dulce inocencia...
Dulce infancia...

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