jueves, 31 de octubre de 2013

Depression.


Todos creen que eres feliz, que sonríes por un motivo que te llena y te hace sentir bien, que es una sonrisa real y no un engaño, pero lo que no saben es que estás destrozada por dentro. No saben que lo único que te apetece es llegar a casa y desahogarte. Romper a llorar de una vez por todas. No quieres preocupar a nadie, no quieres contestar ningún '¿qué te pasa?', ni que se te note que estás mal, que alguien te de un abrazo y dejar que se escapen las lágrimas de los ojos, así que intentas hablar con normalidad aunque tengas un nudo en la garganta que te impide hacerlo; ocultas tus ojos llorosos mediante un bostezo y es entonces cuando notas que tus lágrimas se ahogan. Miras el reloj y los minutos no pasan; parece que el tiempo se ha detenido. Deseas que todo pase pronto y poder dejar de fingir una felicidad que es inexistente en ti. Parece mentira, pero por fin ha llegado el momento, ahora estás a un palmo de la puerta de tu casa, te tiembla la mano y apenas puedes encajar la llave en la cerradura, cuando lo consigues no tardas ni cinco segundos en entrar. Estabas sola en casa, pero aún así no fue hasta que entraste en tu habitación, dejaste la mochila en el suelo y cerraste la puerta de un portazo, cuando te viniste abajo; apoyada contra la pared te dejaste caer al suelo, te acurrucas pegando las piernas contra tu pecho y te tapas la cara con las manos. Éstas, ahora están empapadas de lágrimas que ya nadie puede secar. 

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