miércoles, 29 de julio de 2015

Una mirada atrás.

Me acuerdo cuando contenía la risa como "no me quiero reír, no quiero", y acababa por hacerlo contagiando a todo aquel que estuviera cerca, incluida yo. Me acuerdo de las carcajadas que hacían que se girase todo el mundo. Me acuerdo de nuestras miradas cómplices cuando sonaba la sirena como señal de que era la hora del recreo porque siempre estábamos tramando alguna de las nuestras. Me acuerdo de las peleas, de los enfados, de los piques, sí, pero también de esos abrazos que para mí eran el aliento que me faltaba cuando lo necesitaba. Pero de lo que mejor me acuerdo es del momento en el que todo eso se fue quedando atrás, de que todo se fue alejando de nosotras a medida que nosotras también nos alejábamos la una de la otra... Y es que creo que no hay peor dolor que el de echar la mirada atrás y darte cuenta de todo lo que has perdido según iba pasando el tiempo, de todo lo que ya no está ni estará, porque aunque nos quede el alivio de que le debemos al pasado todo lo que somos hoy, siempre podremos sentir el ardor del dolor en las cicatrices que se quedan en cada uno de los rincones de nuestro día a día.  

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