viernes, 31 de octubre de 2014

Consumo responsable.

Vivimos en una sociedad controlada por unos estereotipos alejados de la realidad, donde a cada uno de nosotros se nos clasifica por nuestro aspecto físico. Gente como tú y como yo, los adolescentes en general, somos los más afectados. Pues nos apartamos descuidadamente de una alimentación responsable, con la única intención de querer acercarnos a la aceptación global. Y puestos a cambiar, ¿qué mejor manera que empezar a hacerlo consumiendo cantidades mínimas de comida? Ninguna persona a la que se le platee un entorno en el que una amiga, una hermana o incluso una hija, aceptará que no la ayudaría a salir de todo eso, aunque realmente no sea así. Todos y cada uno de nosotros, apoyamos inconscientemente grupos que promueven como un estilo de vida los trastornos alimenticios, si no fuera así, no habríamos cambiado una mentalidad, en el que los cánones de belleza hayan pasado de mujeres con curvas a lo Marilyn Monroe a otras prácticamente esqueléticas como Adriana Lima. Pero la cosa no acaba ahí, la publicidad y las modas están continuamente atacando, sacando nuevos estilos con cada vez menos tela y sorprendentemente, solo en la ropa femenina. Siendo sinceras, cuántas de vosotras no ha entrado a una tienda y se ha enamorado de una camiseta a primera vista y al desdoblarla se le ha venido el mundo encima cuando se ha dado cuenta de que lo único que le cubre son el pecho y los brazos. Todas son camisetas cortas, por no hablar de los pantalones que han invadido todas las calles este verano, que cubrían más tripa que culo. Con esto me siento rodeada de machistas e hipócritas que se preocupan más por una talla de ropa que por nuestra salud. La cual está siendo profundamente perjudicada por estos hechos dejándonos al borde de un precipicio al que cada vez nos empujan con más fuerza para que después de cada comida nos sintamos a disgusto con nuestro cuerpo y la única respuesta que tengamos ante esto sea meternos los dedos y vomitar; o simplemente apartar el plato de comida y decirle hola a una vida hundida en la miseria y escombros cubierta de lágrimas y sufrimiento, que gira entorno a los números que marca la báscula del cuarto del baño, esperando a que bajen. Convirtiendo cada día de su vida en un infierno por culpa de la influencia de un mundo que niega el consumo responsable de alimentos para ser aceptada. Y yo digo basta. Basta de prejuicios, de escondernos, de refugiarnos en sistemas autodestructivos. Basta de alejarse, de renunciar y de desprenderse de esa alimentación saludable para complacer a una sociedad, como ya he dicho antes, hipócrita. Una sociedad que nos critica si queremos comernos el mundo, por si cogemos unos kilos de más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario